Cimbras para colar columnas.
La utopía y la catástrofe

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Proyecto de intervención en el patio principal del Museo de la Ciudad.
Guadalajara, México
Madera y agua.
2008

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La arquitectura es una historia de violencia. Construye contra el pasado para proyectarse hacia el futuro, y entre esas dos pulsiones el presente se precipita sobre un panorama de escombros. Edificamos ejerciendo violencia sobre el entorno natural, la ciudad existente y la vida misma: violentamos el territorio con las cicatrices de las canteras y las talas, por no hablar del impacto de las grandes obras públicas o del efecto en el planeta del consumo bulímico de materiales, agua y energía; violentamos la urbanidad heredada con los medios técnicos que cada generación o cada época tiene de ventaja sobre la anterior, imponiendo las nuevas trazas sobre las antiguas en un áspero palimpsesto; y violentamos el propio curso pausado de los trayectos individuales y sociales con el estado de excepción de la obra, que trastoca los hábitos cotidianos con el confuso desorden de sus procesos.

Para construir debemos demoler: herir la tierra, fracturar los restos, aventar la memoria.. Pero no hay arquitectura sin destrucción, como no hay carpintero sin leñador ni cocinero sin matarife, y en esa condición violenta reside su grandeza culpable. Al cabo, el organismo construido requiere la mutación para acomodarse al cambio de forma no demasiado distinta al invertebrado que muda el exoesqueleto cuando éste dificulta el crecimiento, y sus cáscaras vacías no tienen otro destino que la descomposición y el reciclaje, roídas como ruinas vejadas por el tiempo y dócilmente entregadas a la cadena del flujo de información y de materia al que llamamos vida. La arquitectura al igual que la conciencia exige el olvido para lograr sobrevivir en el presente.
Síntesis del texto Una historia de Violencia de Luis Fernández-Galiano.

Cimbras para colar columnas.
La utopía y la catástrofe
Architecture is a story of violence. It builds against the past to be designed towards the future, and between those two drives, the present rushes over a picture of rubble. We build exercising violence on the natural environment, the existing city and life itself; we outrage the territory with the scars of the quarries and the logging, not to mention the impact of the major public works projects or the effect on the planet of the bulimic consumption of materials, water and energy; we outrage the inherited urbanity with the technical means that each generation or time has as advantage on the previous one, by imposing the new traces on the old ones in a rough palimpsest; and we outrage the paused course of the individual and social routes with the state of emergency of the work, that disrupts the daily habits with the confusing disorder of its processes.
In order to build we must demolish: hurt the land, fracture the remains, throw away the memory; but there is no architecture without destruction, just like there is no carpenter without lumberjack, nor a cook without a slaughter, and in that violent condition lies its guilty greatness. In the end, the built organism requires mutation to accommodate change in a not too different way to the invertebrate that molts the exoskeleton when it hinders the growth, and its empty shells do not have another destiny but decomposition and recycling, gnawed off like ruins abused by the time and gently handed over to the chain of flow of information and matter to which we call life. Architecture like conscience demands to be forgotten in order to survive in the present.
Synthesis of the text Una historia de Violencia by Luis Fernández-Galiano.

patio principal.
previsualización de proyecto: patio principal.